“Cuando termine de estudiar ya no voy a estudiar” dijo tajante mi prima de 12 años, y ante la sorpresa de todos los presentes, agregó, “Sí, nada más termino el doctorado y ya no voy a estudiar más.”
Su lucidez me sorprendió. A su escasa edad era conciente de la importancia de los estudios de posgrado. Mas, no veía la necesidad de la educación continua. Veamos.
Norman Macrae, (citado por Ackoff, 2005, p. 120) quien fuera uno de los editores de The Economist, escribió a principios de los años setenta:
“El hombre que en la actualidad tiene suficiente éxito para lograr un trabajo, razonablemente ocupado hacia los treinta años de edad, tan ocupado que no puede tomar períodos sabatinos de estudio, seguramente a la edad de los sesenta años solamente tendrá cerca de un octavo del conocimiento científico (incluyendo el de la ciencia comercial) del necesario para funcionar adecuadamente en su trabajo; y entre más doctoral parezca su trabajo, mayor será su deficiencia.
El remedio… debe ser algún sistema para una reeducación mucho más continua en toda la vida, tanto para los empresarios como los burócratas en la mayoría de los niveles, que será uno de los grandes problemas en 1972-2012.”
Además, la velocidad de los cambios tecnológicos y culturales, el contar con una ventaja competitiva en el mercado laboral, formar y/o pertenecer a redes sociales, así como continuar con el crecimiento personal, son razones de peso para ingresar a un posgrado. Analicemos.
1. La velocidad del cambio
En los últimos 50 años, se han registrado más cambios tecnológicos que todos los que se habían experimentado en la historia de la humanidad. El teórico de la comunicación, M. McLuhan, señaló contundente que los cambios tecnológicos “están reformando y reestructurando los patrones de interdependencia social y cada aspecto de nuestra vida personal […] y estos cambios son dramáticos.” ¿Quién puede estar en condiciones de asimilar estas transformaciones?
Los Obispos de América Latina reunidos en Aparecida, Brasil en mayo de 2007 nos explican en el número 36 del documento conclusivo, que “cualquier persona individual necesita siempre más información […] Es frecuente que algunos quieran mirar la realidad unilateralmente […] sin embargo, ninguno de estos criterios parciales logra proponernos un significado coherente para todo lo que existe. Cuando las personas perciben esta fragmentación y limitación, suelen sentirse frustradas, ansiosas, angustiadas. La realidad social resulta demasiado grande para una conciencia.”
Al estudiar un posgrado, la necesaria interdisciplina que se presenta tanto entre el alumnado como entre los profesores, amplía la visión y el horizonte de miras de los estudiantes.
2. Ventaja competitiva
El tránsito hacia una economía de mercado donde incluso la fuerza de trabajo es vista como un producto, obliga a ser competitivo. Es decir, a ofrecer el mayor valor agradado con el menor costo promedio del mercado.
En el México de hoy, contar con estudios superiores sigue siendo un privilegio. Del total de la matrícula registrada en el año 2006, sólo el 3.33% de 62 millones 170 mil 196 –que es el total de la población estudiantil registrada por el INEGI (Distribución porcentual de la matrícula en educación superior según sexo para cada área de estudio, 2000 a 2004. (s.f.). Recuperado 22 de febrero de 2008, de
http://www.inegi.gob.mx/est/contenidos/espanol/rutinas/ept.asp?t=medu36&c=9742&s=est)- cuenta con estudios de licenciatura. Pero sólo el 0.25%, que son 153 mil 907 personas estudian un posgrado.
Gráfico 1: Distribución de la población estudiantil en México al año 2006
Fuente: http://www.inegi.gob.mx/
Las cifras hacen evidente que en un país donde el promedio de años de estudio es de 8 años, es decir, nivel de secundaria, contar con un posgrado se convierte en una ventaja competitiva.
1 comentario:
La capacitación continua es muy importante en la actualidad para adquirir una mejor calidad de vida. La ampliación y actualización de conocimientos es fundamental a la hora de buscar un ascenso independientemente del trabajo que se realice.
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