lunes, 11 de febrero de 2008

Identidad social

"Nombre es destino". Esta era una frase lapidaria de mi maestro de ética de la comunicación. Con el paso del tiempo constaté la veracidad de la misma.

Ponerle nombre al niño, no es sólo una frase para decir que se va a iniciar un proyecto, sino que también resulta ser el inicio de una historia de vida.

En la antigüedad, seleccionar el nombre de un hijo era una labor que ponía en juego una serie de factores, desde cuestiones familiares -obviamente- hasta aspectos de tipo astrológico.

El nombre es lo más próximo a nuestra identidad. Nos identifica. Nos distingue de otros, pero ¿hasta qué punto soy mi nombre? Quizá tenía razón mi maestro de ética...

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