“Cuando termine de estudiar ya no voy a estudiar” dijo tajante mi prima de 12 años, y ante la sorpresa de todos los presentes, agregó, “Sí, nada más termino el doctorado y ya no voy a estudiar más.”
Su lucidez me sorprendió. A su escasa edad era conciente de la importancia de los estudios de posgrado. Mas, no veía la necesidad de la educación continua. Veamos.
Norman Macrae, (citado por Ackoff, 2005, p. 120) quien fuera uno de los editores de The Economist, escribió a principios de los años setenta:
“El hombre que en la actualidad tiene suficiente éxito para lograr un trabajo, razonablemente ocupado hacia los treinta años de edad, tan ocupado que no puede tomar períodos sabatinos de estudio, seguramente a la edad de los sesenta años solamente tendrá cerca de un octavo del conocimiento científico (incluyendo el de la ciencia comercial) del necesario para funcionar adecuadamente en su trabajo; y entre más doctoral parezca su trabajo, mayor será su deficiencia.
El remedio… debe ser algún sistema para una reeducación mucho más continua en toda la vida, tanto para los empresarios como los burócratas en la mayoría de los niveles, que será uno de los grandes problemas en 1972-2012.”
Además, la velocidad de los cambios tecnológicos y culturales, el contar con una ventaja competitiva en el mercado laboral, formar y/o pertenecer a redes sociales, así como continuar con el crecimiento personal, son razones de peso para ingresar a un posgrado. Analicemos.
2. Ventaja competitiva
Fuente: http://www.inegi.gob.mx/
Las cifras hacen evidente que en un país donde el promedio de años de estudio es de 8 años, es decir, nivel de secundaria, contar con un posgrado se convierte en una ventaja competitiva.
